Título: La ciudad de los prodigios
Autor: Eduardo Mendoza
Tapa blanda, 543 páginas
Seix Barrall, 2003
(1ª publicación 1986)
Argumento
En 1887, Onofre Bouvila, un joven campesino arruinado, llega a la gran ciudad que todavía no lo es, Barcelona, y encuentra su primer trabajo como repartidor de panfletos anarquistas entre los obreros que trabajan en la Exposición Universal del ańo siguiente. El lector deberá seguir la espectacular historia del ascenso de Bouvila, que lo llevará a convertirse en uno de los hombres más ricos e influyentes del país con métodos no del todo ortodoxos.
Reseña
La ciudad de los prodigios es una historia que me habían recomendado mucho y bien y ahora entiendo por qué. Es un libro que aúna historia y aventuras. Eduardo Mendoza utiliza un marco de tiempo tan significativo como fueron las dos Exposiciones Universales que se celebraron en la ciudad condal. Mientras seguimos las andanzas de Onofre Bouvila, un muchacho de pueblo que llega a la capital para hacerse un nombre, se nos muestra el contexto histórico, social y cultural que vivieron los habitantes de Barcelona.
Lo que me ha gustado de esta historia es que no muestra adornos y nos cuenta la historia con esa crudeza e ironía que caracterizan al autor.
Esta es una de esas novelas que hay que leer sin pausa, pero sin prisa, para no perderse nada y disfrutar de todo lo que va ocurriendo en la historia. Tiene muchos personajes y tramas que consigue hilar a la perfección sin dejar ningún cabo suelto. En cuanto a los personajes, no es raro que nos encontremos con gente pobre y trabajadora; caraduras de medio pelo y, por supuesto, avariciosos llenos de ínfulas.
Onofre representa lo peor de la sociedad. Sin embargo, al conocerlo con tan solo 13 años, tan joven y vulnerable, le cogemos rápidamente cariño. Y es, poco a poco, haciendo timos pequeños, primero, y, a gran escala, después, cómo consigue dinero, poder y mujeres con gran facilidad. Este libro tal vez quiera transmitirnos como moraleja que el soñar con que hasta la gente con menos recursos puede llegar a lo más alto pueda llegar a inspirarnos o quizás simplemente quiere mostrarnos la picardía de la que se valía la gente de antaño para poder sobrevivir en un mundo tan aciago. Sea como fuere, he disfrutado de nuevo de la pluma de este autor y no será la última vez que lo haga.

