Este es uno de los pocos libros que puedo decir que he leído sin haberme visto antes la adaptación al cine. Es algo que disfruto porque así puedo imaginarme por mí misma a los personajes y no tengo que recurrir a los actores que los interpretaron.
Creo que, al igual que el título, tenía grandes esperanzas con este libro, pero no ha conseguido atraparme como yo esperaba. Si es verdad que la historia es interesante (habla de las esperanzas que tiene el chico puestas en su futuro y cómo este se va desarrollando), pero está contada de forma tan lenta y con tanto detalle que, por momentos, me ha hecho replantearme si seguir con la lectura o no.
Los personajes están muy bien planteados, tanto el protagonista, Pip, como los que rodean a este (su hermana, su cuñado Joe, los presos, la señorita Havisham, etc). Durante la primera parte del libro se nos describe a los personajes y las vivencias que tienen. Un muchacho pobre que consigue mejorar en la vida gracias a la ayuda de un benefactor misterioso. Sin embargo, la verdadera trama no empieza hasta la segunda parte del libro, cuando se van atando poco a poco cabos y vamos descubriendo información que había quedado relegada en segundo plano.
Los personajes que más me han gustado han sido la señorita Havisham, con la representación tan teatral del salón en el que vive y el señor Wemmick, quien ha conformado una placentera vida dividiéndola en cajones estancos que no llegan a mezclarse: por un lado, su trabajo junto al señor Jaggers, por otro, su rústico estilo de vida en un pequeño castillo junto a su padre.
Esta última parte me ha sorprendido mucho porque el autor ha jugado al despiste haciéndonos creer ciertas cosas y mostrándonos después sus cartas. Me ha parecido todo un acierto.
En resumen, Grandes Esperanzas es un libro para leerlo con mucha tranquilidad y del que disfrutar de las costumbres del siglo XIX.

