Título: No te veré morir
Autor: Antonio Muñoz Molina
Tapa blanda, 240 páginas
Seix Barral, 2023
Argumento
Durante su juventud, Gabriel Aristu y Adriana Zuber protagonizaron una apasionada historia de amor que parecía destinada a durar para siempre. El futuro, sin embargo, tenía otros planes para ellos. Separados durante cincuenta años por un océano de incomunicación, ella atrapada en la España de la dictadura, él viviendo el éxito profesional en Estados Unidos, vuelven a encontrarse en el ocaso de sus días. Miradas, caricias, deseos acallados y viejos reproches dejarán paso entonces a la constatación de que la nostalgia de aquel primer amor lo es también de la persona que una vez fuimos. No te veré morir es una novela sobre el poder de la memoria y del olvido, la lealtad y la traición, los estragos del tiempo y la obstinación del amor y sus espejismos. La conmovedora historia de una pasión frustrada por la vida y un hermoso retrato de la vejez escritos con una delicadeza extrema. Tras aquel «magistral acto de fe en la escritura como depósito de memoria» (Domingo Ródenas de Moya, Babelia ) que supuso Volver a dónde , Antonio Muñoz Molina vuelve al territorio de la ficción con una novela soberbia marcada por la musicalidad de una prosa que recuerda al mejor Thomas Bernhard.
Reseña
El libro está dividido en varias partes y en cada una vamos conociendo a los protagonistas de la historia de amor tanto en primera como en tercera persona, lo que permite profundizar en los rasgos de cada uno y ver que a veces el narrador puede no ser tan fiable como aparenta a primera vista.
La lectura, durante la primera parte, se me hizo un tanto farragosa por aquello de que se trataba de más de 70 páginas en las que no había un solo punto y era complicado avanzar en la narración. Era obligatorio una lectura pausada y concentrada para no perder detalle.
Esperé que la segunda parte no fuera igual porque seriamente me había replanteado seguir con el libro, pero por suerte mejoró en cuanto a narrativa.
Algo que es innegable en cualquiera de los libros de este autor es su forma de escribir y describir de forma tan maravillosa. Sin embargo, la historia no tenía ni pies ni cabeza para mí. Básicamente no había por dónde agarrarla.
La pareja se conoció en el instituto cuando apenas eran unos chavales y se ven separados por el destino o, más bien, la obediencia de Gabriel a su padre, quien lo ha dado todo para darle una buena vida y a quien su hijo no se atreve a replicar, a pesar de su deseo de tocar el cello.
Ya, desde el principio, se nos muestra un amor truncado que no fue tal sino por las decisiones que el propio Gabriel evitó tomar. Su vida fue una concatenación de eventos en los que nunca tuvo que implicarse verdaderamente. Siguió los pasos que su padre construyó para él. Se casó con la hija de su jefe y siguió adelante con aquella vida que no era suya, pero que tampoco se atrevía a dejar atrás.
Es, al final del libro, con el reencuentro de la pareja adolescente, décadas después, que se nos plantea una especie de expectativa que no es tal. El protagonista se mantiene fiel a sí mismo, lo cual es coherente, pero me sorprendió pues esperaba una evolución en él, una aceptación de haberse equivocado, algo que le hiciera ver mejor a mis ojos. Sin embargo, no fue así.
A lo largo de la historia, además de Gabriel y Adriana, aparecerán otros personajes como Julio, Adriana hija y Fátima, que nos mostrarán desde su perspectiva cómo son verdaderamente cómo son nuestros protagonistas y lo que cada uno espera del otro en ese ansiado reencuentro.
Indudablemente, esta novela es una historia de personajes, no de trama, pero que tampoco busca un fin en sí mismo, sino que solo trata de mostrarnos dos caras distintas de un mismo prisma, de dos vidas que tomaron caminos distintos.
