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miércoles, 11 de marzo de 2026

Sin destino de Imre Kertesz


Título: Sin destino
Autor: Imre Kertesz
Tapa blanda, 264 páginas
2001, Acantilado
1ª publicación en 1975


A R G U M E N T O

Historia del año y medio de la vida de un adolescente en diversos campos de concentración nazis (experiencia que el autor vivió en propia carne), Sin destino no es, sin embargo, ningún texto autobiográfico. Con la fría objetividad del entomólogo y desde una distancia irónica, Kertész nos muestra en su historia la hiriente realidad de los campos de exterminio en sus efectos más eficazmente perversos: aquellos que confunden justicia y humillación arbitraria, y la cotidianidad más inhumana con una forma aberrante de felicidad. Testigo desapasionado, Sin destino es, por encima de todo, gran literatura, y una de las mejores novelas del siglo XX, capaz de dejar una huella profunda e imperecedera en el lector.


R E S E Ñ A

Reconozco que leí esta novela porque fue la elegida para el club de lectura, pero hace años que no leía nada del Holocausto porque terminé hartando del tema. Sin embargo, no quise negarme a participar y le di una oportunidad.

La narrativa me sorprendió bastante pues a diferencia de otras novelas que nos muestran el horror vivido por sus supervivientes contado con gran detalle, el protagonista nos muestra su vida desde que los nazis comienzan a deportar gente en su país (Budapest) hasta su paso por dos campos (Auschwitz y Buchenwald) de una forma algo fría y distante. Tal vez porque fue la manera que él encontró de afrontar y superar aquella experiencia sin volverse loco.

Un detalle que me gustó es que, si no supieras de qué trata la historia, en las primeras páginas se narra la vida del protagonista y es ahí donde se nos cuenta que le da miedo salir a la calle con la chaqueta abierta para sentir la brisa golpeándole porque de esa manera su estrella de David quedaría oculta y podrían castigarle por ello. Algo que, inequívocamente ya te está diciendo en qué época histórica y lugar nos encontramos.

Uno que me sorprendió fue que dentro del propio campo, Georg, siendo judío, fuese rechazado por su propia comunidad solo por el hecho de no saber hablar yiddish (lengua germánica, pero con una gran influencia de vocabulario hebreo y eslavo).

Georg Koves tiene quince años y pasa de tener una vida acomodada a perder a su padre y, después, a ser arrastrado a unas pésimas condiciones de vida trabajando en una fábrica y trasladándose en tren a otra (o eso le hacen creer).

Sí que es verdad que la segunda parte de la novela es bastante idílica y puede que parta de la esperanza que tenían los nazis de buscar una baza a su favor para no ser juzgados y/o asesinados.

Es triste descubrir cómo la gente, poco a poco, se iba acostumbrando a las circunstancias que los rodeaban, terminaban viéndolas como algo normal y, cuando regresaron a la vida real, terminaron echándolas de menos y sintiendo que había habido momentos de felicidad dentro de aquel infierno.

Lo curioso, sin duda, de esta novela es que el autor estuvo en Auschwitz con la misma edad del protagonista y, aunque Kertesz asegura que no es una novela autobiográfica, resulta difícil creerlo.

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