Ayer se cumplieron 207 años del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen y por ello todas las bibliotecas le han rendido homenaje con una serie de actividades, la mayoría dirigidas a los niños. De entre ellas, muy comunes los cuentacuentos, proyecciones de películas animadas y representaciones con títeres.
La semana pasada acudí con mi sobrina de 5 años a un cuentacuentos algo variopinto y diferente a lo que me podía esperar. "La vuelta al cuento en cuatro mundos" de Wimesther Cuentacuentos envolvió a los niños durante algo más de una hora en cuatro cuentos de cuatro continentes diferentes introduciendo a los pequeños dentro del propio cuento para que no perdieran en ningún momento el interés. ¡Es sorprendente descubrir como en un reducido espacio y con pocos materiales la imaginación de un niño puede dispararse y entrar en otros mundos! Hasta yo misma me reía algunos ratos y no sabía si eso era normal. Al fin y al cabo los adultos somos adultos pero también tenemos un niño dentro.
Yo he dejado aflorar en algunos momentos a esa niña interior disfrutando de mi sobrina y, especialmente, a la hora de dormir, cuando leía para ella uno, dos ó tres cuentos según la longitud de éstos y descubría que había dejado esa parte de mí misma muy olvidada.
El rey desnudo, Jack y las judías mágicas, Tod y Toby...Pero el que más he disfrutado hasta el momento ha sido el cuento de "El soldadito de plomo" y ha sido pura coincidencia que fuera el aniversario. La verdad es que la historia de este cuento la tenía olvidada de tanto tiempo sin escucharla y cuando la leí después de tanto, me volvió a cautivar como si de la primera vez se tratara. Ese soldadito y esa bailarina separados por el antojo de un niño y que después de mucho viajar, vuelven a encontrarse para terminar juntos me ha hecho volver a ilusionarme por una historia infantil. Llamadme niña que no me da vergüenza. A veces es bueno dejarse llevar y no estar sumida en las preocupaciones y responsabilidades del día a día.
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