Título: El hombre que amó a Eve Paradise
Autor: Edmundo Díaz Conde
Tapa dura, 503 páginas
Algaida, 2015
A R G U M E N T O
La famosa actriz de cine mudo Eve Paradise ha tenido poca fortuna en el amor: en los últimos cuatro años todos sus amantes han sido truculentamente asesinados. Su pesadilla parece terminar cuando es detenido Amós Zambrano, un oscuro emirante español que trabaja en un espectáculo de variedades.
Pero el juicio también sacará a la luz buena parte de su vida anterior; el rodaje de la última película muda en Chicago -Verdadera meca del cine hasta que la industria se trasladó a Hollywood-, sus indecentes relaciones con muchachos jovenes, su escandalosa participación en el show del hipnotizador Donovan o su vinculación familiar con Ritchie Sandino, un mafioso en la órbita del mismísimo Al Capone.
El hombre que amó a Eve Paradise, galardonado con el premio Ateneo de Sevilla, es un relato de besos y tiroteos en el Chicado de la ley seca: una clásica novela negra que sin embargo revela aspectos inéditos sobre el primer asesino en serie -anterior a Jack el Destripador- o la casi desconocida emigracion española a Estados Unidos a principios del siglo XX.
R E S E Ñ A
Es el primer libro ambientado en esta época del que no consigo engancharme desde el principio. Reconozco que la trama es ambiciosa, los personajes, interesantes, y el contexto histórico está muy bien planteado. Sin embargo, los hilos temporales son confusos, se entremezclan y no tienes claro en qué fecha te encuentras cada vez. Eso hace que la historia en tu cabeza se enmarañe aún más y te pierdas por momentos. Fue en gran parte lo que hizo que no me enganchara a la historia.
El tema del hipnotismo me gustó bastante y cómo la gente duda de si las sesiones aplicadas a Eve Paradise fueron verdad o fingidas, puesto que todo depende de a quién se le pregunte.
Sí que es verdad que no me han gustado nada cómo están contadas las escenas íntimas y que el giro final es ciertamente previsible. Lo que le resta puntos a una historia con bastante potencial.
